Conquistadores? Aventureros? Misioneros trayendo una buena nueva? Juglares transoceánicos? Subversivos autoexpulsados de un no-paraíso?
O tan sólo unos pibes de barrio que entendieron la libertad y el poder de imaginar. Tanto que la mucha madera y la balsa no les bastaba. Pero como son ambiciosos sin dejar de ser humildes, virtud escasa, así se representan en un pequeño bote propulsado por un retroestrafalario motor-vitrola cuya extraña y alquímica combustión interna contamina el aire con el sonido de los tiempos que vienen, o de los que al menos, se desean venir. Algo así como aquella idea dolineana de un “chalecito edificado con ladrillos del Nabucudonosor”.


