Con inverosímil naturalidad, la guitarra de Luis Salinas condensa, a un mismo tiempo, intuición y tecnicismo, virtuosismo y sobriedad, austeridad y elegancia; y así lo ratificó anoche en el concierto que ofreció en el porteño Centro Cultural Torcutato Tasso.
Salinas festejó su cumpleaños 54 de la manera que mejor le sale: arriba del escenario, acompañado por amigos y músicos a la altura de su dilatada trayectoria, que ha atravesado los campos del jazz, el latin jazz, en tango y el folclore con notable pericia técnica, pero siempre al servicio de una estética musical tan bella como poderosa.
El guitarrista de la ciudad bonaerense de Monte Grande avanzó anoche en un ciclo cargado de ambiciones, que se propone recorrer en cada noche de música un disco diferente de su carrera, que ha conjugado matices, climas y colores diversos.
Anoche abarcó parte de “Sin tiempo“, su último material -triple- acompañado por un colectivo musical que incluyó a Javier Lozano (teclados), Christian Gálvez (bajo), Martín Ibarburo (batería), Oscar “Pocho” Porteño (percusión) y Juan Salinas (percusión y guitarra).
Las bases rítmicas e incluso los aportes de Lozano, principal compinche de Salinas en el escenario, parecieron estar al servicio de la fuerza sonora de las cuerdas; sin embargo, al mismo tiempo, el guitarrista se mostró generoso con el lucimiento del conjunto.
La música de Salinas se ofrece en estado puro; no necesita de palabras aunque la obra del guitarrista comprenda, también, una mirada musical a melodías que, dichas o no, llevan las letras de Alfredo Le Pera, Celedonio Flores o Manuel Castilla.
El sonido gutural, el tarareo o un guiño al público a menudo son suficientes para cargar el discurso melódico y sumar una voz más a la instrumentación general.
Recién avanzada la noche, en “Elegirte y encontrarte”, Salinas necesita recurrir a un lenguaje y una gramática que no sean las que constituyen a la propia música que, como reza la canción de Carlos Aguirre -con quien Salinas ha compartido escenarios-, “lleva fresca las verdades/como agüita de vertiente”.
Sin solución de continuidad, Nicky Jones gana un lugar en el escenario y se apropia del piano con gesto técnico jazzero para despertar en el público el inevitable paralelismo con los moldes musicales escuálidos del Club del Clan de los `60.
Salinas vuelve sobre sus pasos y su actitud desnuda la figura de un hombre que, como alguna vez lo ha hecho, puede continuar sobre el escenario hasta el día siguiente.
Y de algún modo es así: esta noche, desde las 22, otra vez en el Torcuato Tasso (Defensa 1575), Salinas clausurará su ciclo con otro concierto que promete no pasar de largo.

