El hipnotizador, historieta de Pablo De Santis y Juan Sáenz Valiente

Arenas tiene un don y una maldición simétrica: con su relojito, hace dormir a los demás en un segundo, pero él no puede dormir. Lo embrujó un rival: es el hipnotizador hipnotizado, y mientras ayuda a sus semejantes a superar los traumas del pasado, busca el remedio que le permita salir del hechizo, tenderse al fin a todo lo largo en su cama del hotel para familias Las Violetas, donde se aloja, y no despertarse hasta la semana siguiente.

Éste es el nudo central de la historieta El hipnotizador, con guión de Pablo De Santis y dibujos de Juan Sáenz Valiente. Originalmente, fue publicada en la nueva etapa de la revista Fierro, y ahora acaba de aparecer como libro, en la colección de Reservoir Books.

“El buen Arenas es como un prestidigitador que hace aparecer la historia de los otros a través del sueño. Pero su propio pasado no le llega a través de los sueños, sino del insomnio”, explica De Santis en el prólogo. También derrama elogios sobre el magnífico trazo de Sáenz Valiente: “En sus páginas, todo nos dice algo. Las caras, los cuerpos, las manos, las inquietantes escenografías, las sombras. Él ha entrado de lleno en la gran tradición de la historieta argentina”, escribe el novelista. Como se sabe, la tradición a la que alude De Santis es riquísima. Sáenz Valiente tiene apenas 29 años, y eso quiere decir que el futuro del cómic argentino será tan luminoso como lo fue el pasado, a menos que algún extraño mesmerismo en el orden masivo interrumpa el curso fluido y natural de la novela gráfica.

Es probable que para muchos lectores este libro se lea como la incursión de un escritor en el mundo de la historieta. Si empieza a existir un lugar en los circuitos de producción cultural para eso que se llama “novela gráfica”, qué mejor que agregar al sustantivo “novela” el nombre propio de un novelista. Para los que leímos a De Santis en la revista Fierro de los años ’80, en cambio, este libro es un saludable regreso: aunque De Santis es sin dudas un guionista que trae un saber literario al medio, no es ocioso recordar que, al menos en lo que hace a su obra editada, fue en principio un guionista de historietas.

El hipnotizador recopila una historieta publicada en la nueva época de Fierro (a partir del número 6, de abril de 2007). Son ocho capítulos breves, con estructura de cuento, que recuperan un formato que alguna vez fue dominante en la historieta argentina: la serie centrada en un personaje y constituida por episodios que, aún organizados como un relato en conjunto, pueden leerse de manera independiente. De Nippur de LagashAlvar Mayor, se trata de un formato que alguna vez fue “natural”, pero que hoy se ha vuelto difícil en la medida en que los autores se han acostumbrado a alternar entre la expansión breve o el deseo de novelistas sin restricciones.

En los primeros capítulos leemos la llegada de Arenas, el hipnotizador, al hotel Las Violetas. En esos primeros capítulos Arenas será un catalizador de historias: más un testigo que un protagonista. Desfilan así una mujer que sueña con un tesoro, un hombre que perdió un día, el rey de Strombolia. De a poco, las historias de clientes y espectadores se mezclan con las del propio Arenas, y su recuperación de un pasado que le quita, literalmente, el sueño.

El formato de “serie” al que me refería antes parece traer adosados algunos inconvenientes a los que El Hipnotizador no escapa: sobre todo cierta necesidad de sorprender en cada ocasión mediante  invenciones y juegos de ingenio (objetos imaginarios como el mismo hipnotizador insomne, el comprador de días, la casa de los sueños verdaderos). Sin embargo, es de destacar la eficacia con que De Santis resuelve cada episodio: se trata sin dudas de un escritor que piensa en los lectores y les ofrece relatos construidos para proponer y eludir sus expectativas con una elegancia indudable.

Hace poco reseñamos por acá Matufia, una antología de trabajos varios de Juan Sáenz Valiente. Son notables la fluidez narrativa de Sáenz Valiente y su habilidad para construir páginas que no sufren por la  cantidad de viñetas y de texto, hecho que permite que este libro ofrezca mucho material de lectura, y eso es para celebrar. Por otra parte, El Hipnotizador parece una historieta perfecta para este dibujante, o al menos para uno de sus registros, y eso es probablemente un mérito adicional del guionista: los buenos guionistas piensan visualmente sus historietas, y eso implica pensar en las posibilidades del dibujante. Es que prácticamente todos los personajes del libro son hombres y mujeres maduros, alejados ya de los sueños de juventud. Y Sáenz Valiente está especialmente dotado para representar la melancolía de esos personajes de carnes ya un poco caídas y miradas tristes tanto como esas arquitecturas llenas molduras, techos altos y balcones de hierro forjado. La madurez y la vejez como tópicos no son muy habituales en historieta, y esa exploración es uno de los méritos de este libro. Y es probable que el romance entre Salinero, el dueño del hotel, y Ana, su empleada, sea una de las más lindas historias de amor de la historieta argentina.

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