Después de unos deplorables bocetos de quién escribe, bocetos que alimentan la pila de hojas para limpiar la parrilla, el extraordinario Ilustrador y soñador Blas Rodriguez dió un giro extraordinario al imaginario colectivo para crear una pieza trascendental en la historia de ésta revista, y del mundo entero me atrevo a decir.
El proceso, rescatado gracias al siempre presente messenger, empieza por el elemento central de la obra. La sonrisa debía rescatar la esencia del “Ehghjfhgh” de Alejo y Valentina pero sin menosprecio del “Eighhff…hbha…jeje…je…ae ae” de Beavis and Butthead.
Se profundiza en el detalle de las escamosidades propias de la lengua, se acomodan las luces. Se hace un balanceo en la cabeza dando aprobación y muestra de buena fe.
Se le dan las medidas de la tapa, se introduce el fondo que debe ser violeta para diferenciarse de números anteriores, de sombrea, se agrega barba, se le colocan los ojos, se define la forma del smiley.
Los ojos se encuentran muy juntos, como vizqueando. Más detalles.
Brillitos en los ojos. Abandonamos el Print Screen.
Acomodame el brillito de los ojos. Joya. Che, ¿me agregas la pastillita? (En charlas anteriores se había informado que con un golpe de fortuna podríamos hacer stickers con formas y dibujos diversos para ponerle distintas pepas y pastillas en la lengua del smiley. En principio la pastilla iba a ser un smiley, cosa que le hubiera gustado a Borges por la progresión infinita que hubiera creado, pero nos decidimos por el iso de la marca y el número, cosa que no nos habíamos olvidado para nada… shhh…)
Logo y a la bolsa.
El concepto tras la tapa era manifestar por medio de uno de los símbolos de la era psicodélica (el smiley de los cartones de LSD) una paradoja bien conocida en la naturaleza cada vez que una serpiente muerde su cola. Aunque algunos puedan pensar “les salio de pe…” nadie podrá negar la eficacia comunicacional que esto conlleva. La ruptura del mensaje se da mostrando el símbolo como uno de sus posibles efectos; los ojos vidriosos, signo de la enajenación de los sujetos; la barba, signo de la dejadez que experimentan los adictos; los granos, signos de una mala dieta; el realismo aporta a romper con la iconicidad a la que estamos acostumbrados a ver al símbolo. Por otro lado, otra interpretación posible nos deja haciendo apología de la droga. La felicidad de la carita que esta por tragarse la pastilla puede ser interpretada como un mensaje pro estimulantes. No es nuestra intención decir algo explicitamente y les dejamos a libre interpretación el mensaje que queremos darles, valoramos las contradicciones y esperamos que nos sepan apreciar la iniciativa.
Si te gustó este artículo no dudes en agradecerle a Blas Rodriguez en su blog o dejar un comentario al pie de la nota. Por cada comentario prometemos salvar un dulce gatito, abandonado al pie de la ruta, de las ruedas de un vehículo.

















Te felicito Seb, es bueno saber la génesis del Maestro Blas… y al séptimo día seguro descansó, aunque no se sabe si asistido por el Rivotril o por alguna pepa. Que sigan las pilas!!!