La Casona de Junín – Viernes 6 de Agosto

La Casona de Junín

Artistas en escena:

  • Clara Bassagasteguy y Carlos Cravioatti
  • Las guitarras del alma (Robledo-Dominguez y Pino)
  • KILOMETRO 56 viene a presentar su CD
  • con las visitas de:

  • “CANTORES DE AQUI”
  • Mario Cabrera
  • Shalo Leguizamon
  • Daniel Vaca

  • Los últimos, tres músicos cantautores muy reconocidos por su trayectoria dentro de nuestro folklore Nacional.

    Tres solistas de vasta trayectoria en un proyecto que incluye la difusión de sus canciones y el rescate del acervo tradicional de la música popular argentina en presentaciones en las que intervendrán siempre intérpretes de los lugares donde se presenten.

    Mario Cabrera, cantautor tucumano tiene como antecedentes fundamentales sus grabaciones con Los Cantautores y el Dúo Ternán-Cabrera y sus discos como solista, como autor sus temas mas conocidos son Amor Salvaje, Nadie se va porque sí, Amorcito, Hasta el cansancio.

    Daniel Vaca, con origen musical en la Pcia de Córdoba ha grabado el CD Un día como cualquiera, se ha presentado en múltiples festivales de la República Argentina incluído el Festival Nacional de Folklore en Cosquín, entre sus temas mas conocidos está su zamba La de Arroyito.

    Shalo Leguizamón, autor e intérprete santiagueño, sus temas mas conocidos, Tiempo de amor, Aguante chacarera, El amor perfecto, ha integrado entre otros grupos el Santiago Trío y Los Huanca Hua.

    Noche de Gala será transmitida en vivo para AM1170 Radio Nacional en “Festivales de mi país”
    Clic aquí para escuchar.
    Conducción: Laura Acebal

    CAPACIDAD LIMITADA – Reservas 15469486 o 426611

    Publicado en Música | Etiquetado , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

    El Dependiente, viernes 30, Cine Club Junín. 21hs

    Nuevamente el Cineclub local nos ofrece una joya de la filmografía nacional (antes había sido el turno de “El juego de la silla” de Ana Katz), en coherencia con una muy acertada y variada programación que viene realizando desde su feliz aparición en marzo de este año.  Los cinéfilos juninenses, agradecidos, pudieron descubrir o redescubrir excelentes títulos -como “Mí tío”, “La Ceremonia”, “Así habla el amor”, “Palombella Rossa”, “Luna de Papel”, “Derzu Uzala”, “El empleo del tiempo” o “Entre tinieblas”- y renombrados autores del séptimo arte -Ozu, Kurosawa, Cassavettes, Bogdanovich, Malick, Almodóvar, Buñuel, Moretti, Cantet, etc-.

    El exquisito criterio de selección, como puede apreciarse, ha considerado tanto clásicos ineludibles como también, evitando las elecciones obvias, aquellos films no tan conocidos y apreciados en la carrera de algunos cineastas. Tal es el caso, por citar un ejemplo, de la elección de “Entre tinieblas”, una de las primeras realizaciones de Pedro Almodóvar, en vez de caer en títulos como “Carne trémula” o “Mujeres al borde de un ataque de nervios”.

    También podría decirse lo mismo del excelente film de Leonardo Favio que nos proponen para la noche de mañana. El Dependiente es mucho menos conocida quizás que las predecesoras “El Romance del Aniceto y la Francisca” o “Crónica de un niño sólo” con las cuales forma la llamada trilogía de “carbonilla” del director argentino, ya que es la última que realiza en blanco y negro.

    A continuación, un comentario sobre este film y una reseña de la obra de uno de los más importantes directores de cine nacional. También puede verse en You tube un video en que Favio habla sobre dicha película: Imagen de previsualización de YouTube

    EL DEPENDIENTE (1969)

    Hay algunos a los que les ha sido vedada la posibilidad de ser feliz. Uno de ellos es Fernández, el protagonista de este brillante film de Favio.

    Fernández está encadenado, lo sabe y lo sufre. Lo que no sabe (o no quiere saber) es que él es El dependiente, y como tal, no hace más que cambiar su objeto/sujeto de dependencia.

    Imagina cómo sería su vida cuando Don Vila, el dueño de la ferretería en donde trabaja, se muera. No olvida lo que le prometió una vez al pasar: algún día el negocio sería suyo. A partir de ese momento Fernández sólo espera que ese día llegue.

    Mientras tanto conoce a la señorita Plasini (personificada por una hermosa Graciela Borges), la vecina de la cual esta enamorado. El aire de las casa de las Plasini está viciado por ellas mismas, sus miedos y perversiones. Dentro de esas paredes la lógica es diferente a todo (como suele decirse, cada familia es un mundo, y esta es uno de los raros). Fernández demuestra su amor como puede, y no puede ocultar su sombra kafkeana que lo persigue por el pueblo.

    Así es como Fernández se balancea entre el mundo masculino de la ferretería y el mundo femenino de la casa de las Plasini, en donde la masculinidad sólo se representa por medio de la ausencia (del padre muerto, y de Estanislao, el hermano tonto). En la ferretería las cosas se suceden cotidianamente, como en cualquier trabajo; pero en la casa de las Plasini las cosas son un tanto más oscuras: madre e hija poseen en igual proporción ganas de salir y de quedarse. Cuando quieren salir, el temor al exterior las obliga a quedarse (es cuando la señora Plasini encuentra la panacea en la radio); cuando quieren quedarse, la opresión generada por su propio ambiente las obliga a salir (hasta la puerta, no mucho más).

    De todas las virtudes que despliega Favio en esta película, es quizás el tono de actuación encontrado lo más potente y revelador. Los personajes dicen y se mueven como sólo lo pueden hacer dentro de ese pueblo escabullido en algún rincón de la provincia de Buenos Aires, por donde hoy, seguramente, las vías del tren sólo sirven para que un abuelo le cuente a su nieto historias de encuentros y desencuentros alrededor del ferrocarril.

    Todavía hoy se discuten los aportes o desmedros de la llamada Nueva ola argentina, aquel movimiento de realizadores debutantes, de clase media, muy inspirados en los temas de la literatura contemporánea nacional, y distantes del documentalismo a lo Fernando Birri o de las fórmulas guerrilleras del tercer cine proclamadas por Solanas y Getino. Tal vez uno de los más importantes realizadores, actores y guionistas surgidos dentro de esta nueva ola, acusada de aburguesada y europeísta, fue Leonardo Favio, actor favorito de Leopoldo Torres Nilsson.

    Luego de una prometedora carrera como actor secundario, Favio consiguió debutar en la realización con Crónica de un niño solo (1964), escrita por el propio director en compañía de su hermano, Zuhair Jury, y que rechazaba el narcisismo pequeño burgués de la nueva ola argentina, para relatar la infancia anónima de los reformatorios y la evidente predestinación al fracaso de estos niños. El impresionante trabajo de la cámara en el uso del espacio y en la demarcación de poéticos encuadres, se convirtieron en características que acompañarían esta ópera prima y las subsiguientes películas del director.

    Romance de Aniceto y Francisca y El dependiente (realizadas entre 1965 y 1968) son historias de amor, intimistas y de ambiente provinciano o barrial, muy pulidas en el uso de los planos generales y los picados, en el empleo dramático de los silencios, los efectos sonoros y los tiempos muertos. Estas tres primeras películas de Favio conforman una suerte de trilogía muy coherente, signada por el uso creativo del blanco y negro, el pesimismo respecto al destino de sus personajes, con la constante de exponer un trasfondo social bien demarcado para cada historia, y la sobriedad de los diálogos y de las actuaciones, así como la incorporación de narradores en off que imponen un distanciamiento al espectador.

    En 1967 Favio encuentra una tercera carrera que le provee mucho más dinero que las de actor o director. Se convierte en uno de los cantantes y compositores de canciones más populares de Argentina y Latinoamérica. En el cine, se limitaría a participar en vehículos promocionales de sus propias canciones estilo Fuiste mía un verano (1969), de Eduardo Calcagno.

    Ya en los setenta, al enfrentarse por primera vez al color, su cine se hace más comunicativo, neoromántico y ciertamente ingenuo, tal vez en plena comunicación con los mundos que recreaba en sus canciones. Juan Moreira (1972) se vale del melodrama con visos de oeste para recuperar la figura de un gaucho legendario y justiciero; es la relectura de la historia a contrapelo de las tendencias impuestas por la oficialidad. Nazareno Cruz y el lobo (1974) recrea una leyenda sobre la licantropía al modo de una bella parábola sobre el triunfo del bien sobre el mal, mientras que Soñar, soñar (1976) es tal vez su película menos lograda

    Luego de prolongado silencio de casi veinte años, Favio volvió al cine para recuperar uno de esos míticos personajes de una época pretérita (el peronismo) en Gatica, el mono (1993), que sintetiza su devoción por la iconografía de los años sesenta y sumariza los intentos de aquel régimen por reivindicar el marginalismo social. Ambos derroteros laten en otros filmes anteriores de Favio, por ejemplo, Crónica de un niño solo, Romance de Aniceto y Francisca y El dependiente, con los cuales Gatica, el mono no tiene una semejanza solamente temática.

    Después de doce años, en los que solamente concretó Perón, sinfonía del sentimiento -un extenso documental de seis horas de duración- de su último largo de ficción, Gatica, el mono, el gran “Nombre” del cine argentino, regresa a los cines con Aniceto, una nueva versión de El romance del Aniceto y la Francisca, que protagonizaran Federico Luppi y Elsa Daniel, tiene como protagonista al bailarín Hernán Piquín y fue rodada en un hangar de la Fuerza Aérea ubicado en la ciudad bonaerense de Quilmes.

    (Por Ignacio Santillana)

    Publicado en Noticias | Etiquetado | Deja un comentario

    Una de espectáculos

    (…)Nos han dicho que debemos retener todo aquello que amamos.
    Eso nos han dicho: el empleo, los celos, el amor eterno.
    La vida es tan intensa y tan fugaz como un trago de agua. (…)
    (fragmento extraído del booklet del cd de La Burla).

    Así de intensa y fugaz fue la esperada noche del sábado en que La Burla presentó su primer disco “Trago de Agua”. Nóumeno estuvo allí y fue testigo de cómo el frío, el paso del tiempo y los pesares que cada cual puede llevar consigo se volvían una mera anécdota cuando los primeros acordes de “Hoy” comenzaron a sonar.La cita ineludible fue en la cercana localidad de L. N. Alem, allí donde siempre se concentran los más fieles y antiguos seguidores del grupo que con ya diez años de labor a cuesta está integrado por Juan Pablo Caiazza, Federico García, Nicolás Ilaqcua, Roger Grillo, Javier Medialdea.

    A la ocasión no faltaron entre el público algunos juninenses de bandas amigas como Fonda o Sinestesia, que se sumaron a la localía que se hizo sentir en el transcurso de un show que fue de menor a mayor con un repertorio que incluyo todas las canciones del disco, algunas en formato más acústico, hubo lugar también para temas nuevos como “Tierra” y novedosas versiones de los ya clásicos del grupo: “Atrás”, “Insómnico” o “Antiflash” fueron subiendo la temperatura del show. Con la gente en el bolsillo pogueando y coreando, la banda cerró la noche bien arriba con “Tarirarara!”, “Trago de agua” y “Viaje de invierno”.

    La Burla tiene, en muchas canciones, la particularidad de expresarse sin tener miedo, más que nada, a sonrojarse, a parecer quizas “naif”. Esto es destacable pues la cultura rock está acostumbrada a estúpidas antinomias que categorizan a las bandas moralizando la música y uniformando la escena. Esto es “rock”, aquello “pop”, esto “careta”, aquello “independiente”. El propio Gabo Ferro expresaba desde el título de su primer disco que hay canciones que un hombre no debería cantar. Cantar “un beso bajo un árbol mejora el mundo” puede darle repeluz a algunos. Pero es en la seguridad sobre la propia subjetividad, la propia mirada del mundo, donde se hace posible que el Arte, con la ruptura de estereotipos, resulte fortalecedora de identidades y no las anule.

    Más allá de cualquier intelectualización, como dijo la Sontag, erótica del arte. Y anoche la pasamos muy bien. Cantando nos hicimos más fuertes.

    Publicado en Música | Etiquetado , , | 1 comentario

    Días del cielo, viernes 23, Cine Club Junín. 21hs

    “Días del cielo” (1.978) de Terrence Malick es la segunda película de este misterioso director, que como ocurre con el escritor J.D. Salinger (el autor de ”El guardián entre el centeno”) apenas concede entrevistas ni se deja ver o fotografiar en público, por no hablar de lo meticuloso y perfeccionista que es, lo que le ha llevado a rodar únicamente cuatro películas en 33 años de carrera.

    La vida para Bill (Richard Gere), su hermana pequeña Linda y su pareja Abby (Brooke Adams) no es fácil en el Chicago de 1.916. Toman la decisión de huir al campo en busca de trabajo y así es como llegan a la hacienda de un rico tejano (interpretado por Sam Shepard, del ya os tengo aburridos de contaros lo mucho que me gusta , en todos los sentidos posibles ;) . El patrón es un hombre retraído y aquejado de una enfermedad terminal, que pronto se interesa por Abby. Como piensa Linda (una característica del cine de Malick es que le encanta mostrar los pensamientos de sus personajes): ”El granjero no sabe la primera vez que se fijó en ella o qué fue aquello que había en ella y que le llamó la atención. Quizás fue la forma en que el viento soplaba a través de su pelo” .
    Bill le propone a Abby fingir que son los tres hermanos, dejando así vía libre al patrón para que se case con ella, pensando que después de un par de años de sacrificio morirá y los tres heredarán la hacienda. Como los planes no siempre salen como uno ha planeado, el fallecimiento del granjero no llega nunca, y los celos de Bill provocarán un drama de consecuencias imprevisibles…
    El perfeccionismo típico de Malick del que os hablaba antes se ve reflejado en una fotografía espectacular del gran Néstor Almendros (que le sirvió para ganar el Oscar) y una preciosa música de Enio Morricone, que es el reciente galardonado con el Oscar Honorífico a toda su carrera.

    Publicado en Noticias | Etiquetado , | Deja un comentario

    Ganadores de las Becas Estímulo a la Producción Artística

    Luego de las dos reuniones realizadas por el jurado previsto para el llamado a Concurso de Becas Estímulo a la Producción Artística 2010 resultaron beneficiados con las Becas los siguientes proyectos: Artes Plásticas: “Recuerdos de mi niñez” de Mariana Balderrein; Danza.: “Martín Fierro, narración coreográfica” de María Eugenia Alvear; Fotografía: “Paisajes descentrados” de Matias Da Pieve; Música: “Alcanzar el Primer Disco de Besos Brujos” de Julio Timo; Teatro: “Se cayó el sistema” de Javier Mattioli Montes. El rubro Letras y Pensamiento quedó desierto dado que el único proyecto, presentado por la revista 440, el jurado consideró que no se ajustaba al criterio esperado para la categoría.
    El jurado se conformó por especialistas, profesionales y gestores culturales de nuestra ciudad pertenecientes a distintas instituciones educativas-artisticas y artistas de diferentes disciplinas: Romina Massari.,Rosana Guardia, Estela Centeno, Valeria Sánchez y Marcela Rotelli.

    Publicado en Noticias | Etiquetado , , , | Deja un comentario

    Onetti, los cuentos: “El infierno tan temido”

    Hay algunas obras maestras de la literatura que lo son porque llegan a dar cuenta —sin explicarlos— de fenómenos profundos, complejos, arquetípicos, de la condición humana. Esto hace que dichas obras resulten inolvidables para el lector, quien siente que una parte de su ser pasa por ahí de modo evidente o recóndito. Al mismo tiempo, esa capacidad para penetrar agudamente en los arduos aspectos que constituyen nuestra naturaleza hace que estas obras permanezcan siempre abiertas a nuevos sentidos y razonamientos; es decir, que no se dejen apresar en una sola línea de interpretación. Tal es lo que sucede, por ejemplo, con un relato como Bartleby, el escibiente, de Herman Melville, en el cual se indaga de forma exquisita el fenómeno de la desidia. Otro tanto hace Chéjov, con relación al desamparo, en su perdurable Vanka; oHoffmann respecto de lo siniestro en su famosa historia El hombre de arena; o Maupassant en lo que toca al oportunismo con su célebre Bola de sebo; o Poe con la culpa en su El corazón delator. También la crueldad ha sido condensada singular y memorablemente en un cuento magistral: “El infierno tan temido”, de Juan Carlos Onetti. Seguir leyendo »

    Publicado en Noticias | Etiquetado , , , | Deja un comentario

    Doleser, el 28 en Barroco

    ACTUALIZACIÓN
    El dúo acústico Doleser formado por Andrés Cáseres (Sinestesia) y Juampi Caiazza (La Burla) se presentará en La Nobleza Sports (España y Gral Paz) el jueves 29 a las 21.30hs.

    Publicado en Noticias | Deja un comentario

    La vida es sueño en el teatro San Martín

    Entre la felicidad y el agotamiento, Joaquín Furriel y Muriel Santa Ana coinciden en que los ensayos de La vida es sueño, dirigidos por el director español Calixto Bieito, tuvieron una dinámica de producción que les planteó un gran desafío. “La montamos en siete semanas-cuenta la actriz- y fue novedoso por los tiempos en que estamos acostumbrados a trabajar los actores en el teatro oficial de Buenos Aires. En esta obra encontramos un formato de trabajo que remite a comedias musicales americanas en las que se reproduce una propuesta de manera prefabricada. Seguir leyendo »

    Publicado en Noticias | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

    PROYECCIÓN DE ÓPERA: STIFFELIO

    La Dante Alighieri invita a socios y amigos a la proyección de la ópera Stiffelio de G. Verdi, el sábado 17 de julio a las 19:00 hs. en su sede de Malvinas Argentinas 78.

    Como todas las actividades culturales, la entrada será libre y gratuita. Seguir leyendo »

    Publicado en Noticias | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

    Cine Club: “La anguila” el viernes 16

    Por Luciano Monteagudo

    Hay una extraña casi invisible maestría en La anguila, el film japonés de Shohei Imamura que en 1997 compartió con El sabor de la cereza, de Abbas Kiarostami, la Palma de Oro de Cannes. La crítica internacional no deja de asociar esa maestría con el cine de John Ford, por la capacidad de Imamura para construir una por momentos insólita comunidad de personajes (como las de El hombre quieto o Caravana de valientes, por nombrar un par de ejemplos) y parece justo que así sea. Sin embargo, lo primero que llama la atención de La anguila es su carácter inasible, sus cambios de tono, que hacen que un film que comienza brutalmente culmine a la manera de una comedia melancólica, que habla de una serena reconciliación con la vida. La anguila se inicia sin rodeos, como si se tratara de la exposición de un caso clínico. Un hombre común, un japonés como tantos, que regresa a su casa de lo que se intuye un rutinario trabajo de oficina, es informado por una carta anónima que su esposa lo engaña cada vez que él sale de pesca. Esa misma noche, Yamashita (Koji Yakusho) toma sus aparejos y, después de haber aceptado la vianda que le prepara su mujer, se marcha al muelle, para volver poco después y sorprenderla, efectivamente, en la cama con otro hombre. Allí Imamura pareciera romper de pronto, de manera feroz, con el rígido orden social imperante: la modosa ama de casa de la escena anterior es, en la cama, una amante ardiente; el sumiso oficinista se convierte en un asesino, que con cada cuchillada que le inflige a su mujer parece estar dando rienda suelta a pulsiones largamente reprimidas. Que el hombre se entregue a la policía inmediatamente después de cometido su acto no expresa sino la necesidad de Yamashita de regresar de ese abismo atávico que se abrió súbitamente en su rígida realidad. Esas fuerzas irracionales con las que se abre La anguila se atenúan casi por completo a lo largo del film, pero se diría que Imamura las utiliza como un sedimento, para hacerle saber a sus personajes –y al espectador– que pueden irrumpir en cualquier momento, que no hay realidad, por ordenada que sea, que no pueda de pronto fracturarse y estallar. Nadie parece saberlo mejor que Yamashita, quien después de ocho años de cárcel sale en libertad bajo palabra, pero dispuesto a seguir recluido en sí mismo. Su único confidente es una peculiar mascota, una anguila, “porque escucha lo que le digo y no habla de más”. Como la anguila, que recorre miles de kilómetros bajo el mar para volver finalmente al mismo lugar y vivir sumergida en el barro, Yamashita también se “entierra” en una peluquería de suburbio, donde trabaja sin la ayuda de nadie. Las simetrías con las que Imamura va construyendo magistralmente su relato hacen que una tarde de pesca Yamashita salve la vida de una mujer muy parecida a la que él mató. El asesino y la suicida serán el núcleo de una peculiar comunidad de locos y marginales integrada, entre otros, por un cazador de ovnis, un mafioso de barrio y un monje budista que es el oficial a cargo de la libertad condicional de Yamashita. Es notable la manera en que Imamura se ocupa de esta heterogénea galería de figuras que viven –como la película– casi en los bordes de la civilización, mirando al mar antes que a la ciudad. Se diría que la película los toma siempre en serio y respeta sus decisiones, pero eso no le impide a Imamura ver las cosas con humor y reírse un poco de sus excentricidades, con una cualidad farsesca muy particular. A su vez, los flashbacks con los que el director recupera el pasado de Keiko, la suicida, pueden a primera vista parecer algo confusos, pero es la manera en que Imamura –con esa libertad que sólo se conceden los talentos veteranos– consigue sumar otro personaje del que evidentemente no quería prescindir: la madre de la muchacha, una japonesa entrada en años, que fantasea con ser una bailaora de flamenco. La transparencia narrativa con que Imamura va desarrollando su film, la materialidad de cada una de sus imágenes (por momentos pareciera que el mar se pudiera oler, tocar) esconden una complejidad formal en la que cada escena, aun la más simple, responde a una concepción muy elaborada. La prueba más rotunda es una de las secuencias más bellas de La anguila, cuando desde un puente Keiko le extiende a Yamashita –que con su barca pasa por debajo– una cesta con comida. El hombre prefiere seguir, como si no la hubiera visto, porque le trae sin duda recuerdos de su esposa (“Para qué la maté si no pude olvidarla”, se recrimina), pero no cuesta inferir que el solitario pescador finalmente terminará mordiendo el anzuelo.

    Viernes 16 21:00hs en Saavedra 77 Centro empleados de comercio

    Publicado en Cine | Etiquetado , | Deja un comentario